DESCUBRIENDO Y DISFRUTANDO LAS ISLAS LOFOTEN

UNA PERLA NORUEGA

Crónica escrita por VÍCTOR RIVEROLA I MORERA
Fotografías de JEKATERINA NIKITINA y VÍCTOR RIVEROLA I MORERA
Recuerdo con mucho cariño leer a muy temprana edad El faro del fin del mundo de Julio Verne y disfrutar con La isla del fin del mundo, un entretenido filme de la factoría Disney muy en la línea de los filmes de aventuras de los años 70. Junto con Viaje al centro de la Tierra, ambientada en Islandia, fueron muchas las aventuras localizadas en islas remotas las que abrieron mi imaginación, inoculando en mi la pasión por los viajes y la aventuras por tierras lejanas. Hace mas de veinte años, investigando y viajando, descubrí las islas Lofoten, paraíso natural de sublime belleza situado al norte de Noruega, por encima del círculo polar ártico. Con el paso del tiempo, las Lofoten se habían convertido en el decorado perfecto, en la fuente de inspiración de autores, artistas y creadores de historias que veían en las imponentes paredes de roca que caen hacia el mar, el escenario ideal para situar las aventuras de heroicos personajes.
El inexorable paso del tiempo nos situó en 2012, año en el que realizamos un viaje en familia por media Europa a raíz de la gira promocional de nuestro Manual de montañismo con niños (Ediciones Desnivel) en colaboración con InterRail, Rail Europe, Turismo de Noruega, Elipsos y Wideroe. Una de los momentos mas espectaculares de dicho viaje fue la llegada al Cabo Norte auténtico (no el turístico con la bola del mundo) en la isla de Mageroya, conocido con el nombre geográfico de Knivskjelodden. Acampar en familia en el Cabo Norte fue una experiencia única, descubriendo la magia del norte de Noruega, mas allá de Tromso y Hammerfest. En Tromso recuerdo realizar varios trekkings muy panorámicos, disfrutando de los espacios infinitos que nos regalan las tierras situados dentro del círculo polar ártico. También guardo un excelente recuerdo de Bergen, Finse, Stavanger, Rovaer y el Preikestolen, dejando la visita a las islas Lofoten para otra ocasión.
Por fortuna, dicha ocasión llegó el pasado mes de agosto, cuando pudimos disfrutar de unos días de calma y de paz en uno de los archipiélagos mas impresionantes del planeta. Siempre he pensado que Noruega es un país impresionante, lleno de contrastes, colores, paisajes abrumadores y grandes espacios naturales libres de todo tipo de contaminación. Noruega es Noruega…y dentro de ese universo natural único, las Lofoten se erigen como un ente aparte, como si de otra tierra se tratara, levantándose ante nuestros ojos atónitos con una elegancia sublime. Rocas que surgen del agua arañando el cielo, cumbres borrascosas, lagos de agua dulce situados a escasos metros del mar, pequeños pueblos y aldeas dibujados con colores vivos, playas de aguas turquesa, una fauna y una flora únicas y varias carreteras que nos trasladan a otro mundo… Siglos de historia forjados a fuerza de viento y marea reciben al visitante que decide dejarse seducir por la belleza de una naturaleza en su estado más puro. Así son las Lofoten, un auténtico paraíso para el montañero, el viajero y el esquiador.

Para descubrir las islas Lofoten, disfrutando de sus paisajes, gentes, pueblos, puertos pesqueros y cumbres, recomendamos invertir como mínimo una semana (dos semanas sería lo ideal para viajar con calma), tomando como punto de partida el práctico aeropuerto de Evenes (Narvik-Harstad), situado a una hora escasa de Narvik. En el aeropuerto podemos alquilar un coche o tomar el autobús que baja hasta Reine (ojo porque hay pocos al día). Si alquilamos un coche tomaremos la mítica carretera E-10 que cruza en horizontal el norte de Suecia para adentrarse en Noruega llegando hasta las Lofoten. Al dejar atrás el aeropuerto, la E-10 se adentra en un precioso bosque hacia el oeste, llegando a un punto al cabo de una media hora en el que atravesará un puente de tamaño considerable, donde soplan vientos fuertes (está bien señalizado). Casi debajo del puente, encontraremos una pequeña carretera (825) que en cinco minutos nos conducirá hasta el camping de Tjeldsundbrua, realmente precioso, con una playa que invita a plantar la tienda o instalar la autocaravana muy cerca del agua. En el camping disponen de contenedores convertidos en cómodas habitaciones para cuatro personas, baños, duchas y una buena cocina. El Tjeldsundbrua camping es la base ideal para pernoctar la primera noche en la zona si nuestro vuelo llega por la tarde-noche, o para pasar la última noche de viaje, antes de partir hacia Oslo.

BAJANDO POR LA E-10

Al cruzar el puente podemos desviarnos a nuestra derecha y subir en menos de veinte minutos por la carretera 83 hasta Harstad, donde se levanta la iglesia medieval situada mas al norte de Europa. Junto a ella, un pequeño cementerio, precioso junto al mar, nos recuerda que en la zona existió durante la Segunda Guerra Mundial un campo de trabajos forzados para prisioneros soviéticos. Cuando los nazis ocuparon Noruega, se encargaron de construir varios campos de trabajo para prisioneros en zonas remotas, donde las condiciones de vida eran realmente inhumanas, sobre todo en invierno. Noruega jugó un papel muy importante a lo largo de la IIGM, siendo la resistencia noruega una de las más heroicas de toda la contienda, junto con la francesa.

La visita a Harstad nos ayudará a situarnos en el tiempo y el espacio, pues toda la zona se convirtió en un campo de batalla tremendo cuando los aliados liberaron la costa de Noruega, llegando hasta Narvik. Como detalle curioso, comentaré que una parte de las tropas que lucharon en Narvik contra los nazis eran españolas, formadas por republicanos exiliados. El paisaje que rodea la pequeña iglesia medieval y su cementerio nos invitará a sentarnos frente al mar, practicando el olvidado arte de la contemplación.
Una vez regresamos al punto de partida inicial, seguiremos la carretera E-10 hacia el S-SO, bajando hacia el corazón de las Lofoten. La E-10 recorre la costa este del Tjeldsundet, el estrecho que parte del fiordo Vâgsfjorden, conectando mas hacia el sur con el Ofotrjorden, el brazo de mar que llega hasta Narvik. Es una carretera de doble sentido perfectamente asfaltada, lo suficientemente ancha como para que pasen dos vehículos, no obstante, en algunos puntos se estrecha (en algunos puentes hay semáforos para regular el paso). Los túneles están perfectamente iluminados y señalizados, y en general, la conducción suele ser tranquila. Mucho cuidado con los excesos de velocidad pues las multas en Noruega son potentes. Bajando por la E-10 llegaremos al desvío de Lodinguen, simpática población que nos abre las puertas de las islas Lofoten adentrándonos en un paisaje precioso, salpicado por brazos de mar y pequeños lagos. Llegaremos a un punto en el que la E-10 se bifurca subiendo por un lado hacia el N (variante norte), pasando por Sortland hasta llegar a Melbu, donde conecta con Fiskebol y la variante sur de la E-10 a través de un ferry. Nosotros seguiremos la E-10 por la variante S, desviándonos hacia la izquiera (O), pasando junto al Parque Nacional de Moysalen.

LAS LOFOTEN IN FULL-EFFECT

Poco a poco nos vamos dando cuenta de la majestuosidad paisajística que nos rodea. La magnitud, los grandes espacios…la magia del norte de Noruega se muestra ante nosotros en todo su esplendor. Poco a poco, la carretera nos va descubriendo pequeñas playas, brazos de agua que nos rodean y que cruzamos gracias a los puentes y los túneles que el ser humano a construido. Las islas Lofoten han creado a lo largo de los siglos un inmenso puzzle donde el agua y la roca crean formas y paisajes únicos. Estamos disfrutando de una obra maestra de la naturaleza, con el añadido de contar con un micro-clima muy especial…En pocas horas puede llover a cántaros, salir el sol, subir la temperatura hasta los 22 grados para bajar hasta los 14 en pocos minutos y volver a llover, incluso a nevar si estamos en junio o septiembre. Me recuerda a Irlanda, pero a lo bestia. Rocas que surgen del agua arañando el cielo, cumbres borrascosas, lagos de agua dulce situados a escasos metros del mar, pequeños pueblos y aldeas dibujados con colores vivos, playas de aguas turquesa, una fauna y una flora únicas y varias carreteras que nos trasladan a otro mundo.

Cruzaremos un túnel por debajo del mar dejando a un lado Fiskebol y seguiremos bajando pasando porSildpollnes y Svolvaer, población importante con aeropuerto, cuya visita dejamos para nuestro regreso de subida hacia Narvik. Poco antes de llegar a Lyngvaer dejaremos a nuestra izquierda el desvío a Henningsvaer, una población de postal donde podemos parar unas horas. Nosotros nos quedamos un par de días en la zona al subir hacia Narvik, bajando directamente hasta el final de la carretera E-10, mas allá de Reine. Si seguimos bajando pasaremos por Lyngvaer, Alstad y Borg para llegar a Leknes, donde también encontramos un pequeño aeropuerto con vuelos de Wideroe. Desde Leknes bajaremos hasta la playa de Ramberg, donde podemos subir en un par de horas a la preciosa colina que domina la playa, desde donde se obtiene una panorámica de gran belleza. En Ramberg podemos acampar o alquilar una de las cabañas delante del mar, siendo un enclave muy interesante a nivel logístico.

Al llegar al desvío de Fredvang, podemos entrar en el pueblo a través de varios puentes o seguir bajando hacia Reine. Desde Fredvang parten varios trekkings asequibles muy panorámicos, uno de ellos conduce hasta la bucólica playa de Kvalvika, ideal para acampar y disfrutar de la puesta del sol. Fredvang es un buen punto para instalar un campo base de varios días, disfrutando de un entorno natural de gran belleza.
Desde Fredvang bajamos hasta Hamnoy y Reine y aqui ladies and gentlemen, el espectáculo está garantizado. El dedo se va hacia la cámara, posesión total, las tarjetas de memoria se agotan…peligro no tocar. Cada diez minutos esteremos parando en alguno de los parkings panorámicos que encontraremos a lo largo de todo el recorrido, adentrándonos en la zona mas fotografiada de todas las Lofoten. Las rocas caen a plomo hacia el mar, creando un espectáculo natural total. Las casitas de colores, el agua transparente, los barcos, la gente, el olor que nos regala la hierba verde tras la lluvia.

Muy cerca de Reine, dirección sur, encontramos la pequeña aldea de Moskenesvâgen, con un camping estratégicamente situado donde pernoctamos una noche de lluvia intensa (nuestra tienda Vaude aguantó como siempre, estoicamente). Sin lugar a dudas fué el campo base ideal para realizar varios trekkings por la zona. La cocina es algo pequeña, pero si vamos a finales de agosto o a finales de junio, no suele estar tan llena. Es importante recordar que estamos en la zona más conocida o «famosa» de las islas Lofoten, y donde hay postales, hay turistas. El camping tiene buenas duchas, servicios limpios y un pequeño bar.

También resulta perfecto para relajarse en familia o en pareja (o en solitario) y descansar durante unos días, disfrutando del mar y la montaña con tranquilidad. La visión panorámica de la playa y los enormes peñascos que caen a plomo sobre nosotros es impresionante.

En Reine encontramos una de las excursiones más espectaculares de las islas Lofoten, antaño un trekking de cierta dificultad (debido en gran parte a la verticalidad del sendero y a la cantidad de barro resbaladizo que podíamos encontrar subiendo). Actualmente, y tras varios accidentes, las autoridades locales han arreglado el sendero de subida, construyendo escalones de piedra en las partes más complicadas (gran parte del recorrido). El inicio de la subida se ha movido unos metros a la izquierda (está bien señalizado) dejando a un lado los primeros metros del antiguo sendero.
El punto de partida lo encontramos en la carretera que discurre junto al tunel de la E-10, saliendo de Reine hacia el sur. La subida al Reinebringen es impresionante, por tal motivo, recomendamos subir a primera hora del día para evitar las horas centrales donde en verano el sol suele apretar. Son 480 m de subida sin parar, desde el nivel del mar hasta una de las cumbres que rodean Reine, siendo uno de los miradores más impresionantes de todas las islas Lofoten. Hoy en día la subida no presenta ningún tipo de dificultad, más allá de algún paso aéreo al llegar a la cresta y del patio que cae ante nosotros al llegar a la primera cumbre (486 m). La cumbre más alta, que sobrepasa los 500 m se encuentra justo enfrente de donde suele llegar todo el mundo, obligándonos a bajar unos metros para seguir por la cresta aérea hasta la cumbre. Con mal tiempo deberemos tener mucho cuidado al bajar, pues, aunque hay escalones, podemos resbalar. La subida pondrá a prueba nuestras rodillas, pero el esfuerzo está justificado, pues la visión panorámica que se abre ante nuestros ojos es espectacular, sobrevolando literalmente Reine.

Desde Reine seguiremos bajando hasta Sorvâgen y Â, donde termina la carretera E-10. Mas allá, solo queda roca y agua…hasta llegar a las últimas islas, Varoy y Rost, accesibles en barco desde el puerto de Moskenes. En Varoy podemos realizar varias excursiones panorámicas, pudiendo transportar nuestro coche en el ferry. La carretera E-10 termina en un punto donde podemos dar la vuelta o aparcar tranquilamente, siguiendo unos metros por un camino de tierra que se convierte en sendero, llegando casi al agua. Las cumbres y paredes de roca son un cocktail perfecto entre Jurassic Park, Juego de tronos, El señor de los anillos y Vikingos.

Uno de los trekkings más interesantes de las Lofoten, junto a los senderos que conducen a playas y la subida al Reinebringen, es el que asciende hasta el refugio Munkebu y la cumbre del Hermansdalstinden (1.029 m), una de las cumbres más altas de las Lofoten. El camino se inicia en Sorvagen y sube bordeando varios lagos preciosos. Si no paramos a dormir junto al refugio o en su interior (es libre y hay que pedir el código de la puerta en Sorvagen), la subida invierte unas 14 horas (ida y vuelta), siendo recomendable realizar el trekking en dos jornadas, para poder disfrutar del itinerario y del paisaje que se abre ante nosotros. Desde la punta situada más al sur de las Lofoten, iniciaremos el camino de regreso hacia Narvik (podemos seguir subiendo hacia Tromso y el Cabo Norte si disponemos de tiempo suficiente) recorriendo en esta ocasión de sur a norte las islas a través de la E-10, una carretera que sin duda será largamente recordada. Al subir hacia Narvik y Harstad, el paisaje cambia, pues lo que antes veíamos de bajada, ahora lo vemos de subida, con el contraste que implica tener una misma visión panorámica desde ángulos distintos. Pasaremos por Leknes y recomendamos parar por lo menos un día en Henningsvaer, durmiendo en el bucólico y acogedor camping de Sandvika, situado muy cerca de Henningsvaer, con la intención de cenar con calma y disfrutar de la puesta de sol. El camping se encuentra situado en una playa muy simpática, con una pequeña cumbre que domina todo el area de acampada. Son muchos los que vienen a Henningsvaer para realizar excursiones en Kayak, así como BTT y senderismo.

Desde el camping, nos acercamos a Henningsvaer, uno de los pueblos más fotografiados de todas las islas Lofoten (junto a Reine) junto a su pequeño puerto, varios canales y su campo de fútbol que aparece en miles de postales gracias a las fotos que facilitan los drones. Las cumbres que se levantan al norte de la población son asequibles a través de un sendero bien visible desde la carretera, permitiendo llegar hasta un collado (parecido a Reinebringen) desde donde se disfruta de una visión panorámica sublime. Un buen calzado y una buena forma física nos ayudarán a superar una subida dura, pero muy gratificante.

Dejamos atrás Henningsvaer y el camping de Sandvika (donde nos remojamos los pies y parte del cuerpo en el agua fría pero no helada) y seguimos subiendo hacia Narvik. Al cabo de unos minutos, llegamos a una de las poblaciones más grandes de Lofoten, Svolvaer, donde encontramos un interesante museo sobre la importancia de las islas durante la Segunda Guerra Mundial. Las tropas alemanas destacaron en las islas varias bases de submarinos, escondidas estratégicamente. Desde Svolvaer parten ferrys hacia Bodo y hacia la pequeña isla de Skrova. Podemos visitar el centro de la población y alguna de las pequeñas islas conectadas por puentes, donde brillan con luz propia las casitas de colores típicas del norte de Noruega y los barcos pesqueros.
La zona está llena de secadores de pescado, una actividad que aporta grandes beneficios no solo a la región, sino a toda Noruega. En Svolvaer encontramos pequeñas islas urbanizadas con apartamentos y casas de alquiler de alto nivel, ideales para grupos grandes o para quienes deseen darse un capricho de vez en cuando más allá del círculo polar ártico. Tras invertir una buena mañana en descubrir Svolvaer, seguimos nuestra ruta hacia el norte. Al llegar al desvío de Laukvik y el camping de Sansletta recomendamos encarecidamente seguir la pequeña carretera que parte a nuestra izquierda, con la intención de descubrir Laukvik y el Grunnforfjorden, un fiordo muy interesante, de gran belleza paisajística. Siguiendo la pequeña carretera que avanza hacia el oeste, llegaremos a un punto donde la carretera sigue a mano derecha, dejando a nuestra izquierda el desvío de la carretera que entra en Laukvik, pequeña población costera donde podemos comer junto al pequeño faro y su rompeolas.

En el supermercado de Laukvik encontraremos todo lo necesario para poder disfrutar de un buen pic-nic con sus mesas y bancos de madera justo delante. Pasear en familia, ya sea con niños pequeños o más mayores, junto al mar y bajo imponentes murallas rocosas, rodeados por una naturaleza salvaje en estado puro, no es algo que podamos hacer cada día. Tras una buena comida, seguimos nuestra aventura por la pequeña carretera que sigue hacia Delp y el Grunnforfjorden. De todas las carreteras panorámicas que he tenido la suerte de descubrir a lo largo de mis casi 44 años, puedo asegurar que la que cruza él es una de las más espectaculares que he visto. Si la meteo acompaña, el caleidoscopio de luces, los colores, los reflejos en el agua…es realmente impresionante. Nosotros disfrutamos cruzando a pié todo el dique/puente que cruza el fiordo.

La pequeña carretera termina cerca de Fiskebol, conectando con la E-10 justo antes de la boca sur del túnel que cruza el mar de Noruega. Tal y como sucede en Islandia, construir túneles bajo el mar es una práctica habitual, que permite cruzar de un modo seguro, discreto y rápido de una isla o punta de fiordo a otra, sin necesidad de tener que alargar carreteras ni construir puentes. La E-10 sigue subiendo hacia Lodingen y Narvik, dejando atrás las islas Lofoten, un auténtico paraíso para los amantes de la montaña…y del mar.

CUANDO PODEMOS VISITAR LAS LOFOTEN

La mejor época del año para visitar las islas Lofoten es a finales de primavera, durante el verano y a comienzo de otoño. No obstante, debido a que la nieve puede retirarse tarde o llegar muy temprano, los meses de julio y agosto suelen ser lo más tranquilos a nivel de complicaciones meteorológicas…Nunca debemos olvidar que los cambios de tiempo más allá del círculo polar ártico son el pan nuestro de cada día, por tal motivo, es importante viajar bien equipados, con ropa de calidad (tres capas), varios cambios en la mochila y un buen chubasquero.

Si queréis hacer camping, los meses de julio y agosto suele haber bastante gente, aunque menos que en otras zonas de Noruega. Durante los meses de junio y julio las horas del día se alargan muchísimo debido a las noches blancas, permitiendo al viajero alargar las jornadas de trekking. Los senderos en verano pueden estar muy resbaladizos tras una buena tormenta veraniega, y existen muchas zonas húmedas donde al pisar, el calzado se hunde en una capa de agua de varios centímetros (indispensable Gore Tex).

A finales de agosto, estaréis más tranquilos, pues el turismo desaparece y las temperaturas son realmente agradables, incluso frías. En otoño la policromía que nos regalan las Lofoten es de postal y una vez llegado el invierno, el paisaje cambia radicalmente, abriéndose ante nosotros la posibilidad de realizar travesías y descensos con esquís de película. Aunque no existan estaciones de esquí alpino con remontes, son varias las zonas donde podemos esquiar en Lofoten. En varias poblaciones el esquí de fondo se ha convertido a lo largo del tiempo en algo más que un deporte, ofreciendo recorridos espectaculares.

VÍCTOR RIVEROLA I MORERA

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