¿QUÉ HORA ES?

Columna escrita por ALBA XANDRI autora del libro ‘LA MÀGIA DELS PEDALS’
Hace años y años la vida de nuestros antepasados se regía por el sol. La mayoría de tareas diarias necesarias para sobrevivir se realizaban bajo las luces del día. Cuando se ponía el sol y las luces cada vez eran más escasas era la hora de recluirse y descansar.

Hoy día, en algunos lugares del planeta todavía hay comunidades que prescinden de uno de los inventos más antiguos de la humanidad: el reloj. En nuestro país, nos puede parecer que vivir sin saber las horas o, incluso, los minutos puede llegar a ser del todo imposible. Sin embargo, la pandemia de este 2020 nos ha acercado un poco a lo que es vivir observando el paso del tiempo a través de las luces del día. En muchos núcleos familiares, la pandémica ha parado los relojes: se acabaron los despertadores madrugadores, las comidas han dejado de ser en horas concretas, algunas rutinas horarias se han roto … con la excepción de los casos de trabajadores esenciales y del teletrabajo, entre otros, donde el reloj ha continuado siendo un instrumento imprescindible.
En algunas familias, se ha instaurado el caos. La ausencia de obligaciones, de trabajo y de escuela ha hecho tambalear la estabilidad rígida horaria. No quiero opinar si es bueno o malo, si ha sido necesario o inútil, si dejar de mirar la hora ha servido de algo. Personalmente, no me gustan las dualidades y no todo es blanco o negro. Al final, tantas cabezas, tantos sombreros.

Pero sí el confinamiento, a pesar de hacer teletrabajo en mi caso, me ha transportado a nuestros días de viaje en bicicleta por el mundo. Aquellos días en que la hora que marcaban las agujas del reloj no tenía ningún tipo de ton ni son. Lo esencial era tener las necesidades básicas cubiertas, para poder seguir viajando y disfrutando del momento. Tener las provisiones necesarias de agua y comida, disponer de buena salud y que, además, el cielo fuera azul como el mar eran los factores que nos acercaban cada vez más a la felicidad.
Si eran las cuatro y media o tres y media no tenía ningún tipo de relevancia. En cambio, saber que seríamos capaces de encontrar en poco tiempo un lugar resguardado y seguro donde acampar para pasar la noche era sinónimo de tranquilidad para nosotros.

No era relevante tampoco saber si era lunes o jueves, pero sí saber si encontraríamos tiendas donde aprovisionarnos. Tampoco, si entrábamos hoy o el mes que viene en verano, pero sí saber interpretar los nubarrones que crecían en la montaña. Aunque esto no siempre lo conseguíamos.

Al final, de todas las situaciones, se desprende un aprendizaje vital. El aprendizaje de un confinamiento o de un viaje no será el mismo para mí que para otros, pero el hecho de hacer desaparecer, puntualmente, el reloj a mí me hace sentir más tranquila y libre.

ALBA XANDRI

Traductora y profesora, deportista de alto nivel durante más de una década, amante de la aventura y de los viajes,
ha recorrido 45 países en bicicleta, autora de “La màgia dels pedals” i cofundadora de la revista Sorora.
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