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MAPAS CON HISTORIA

«EDITORIAL ALPINA»

Crónica escrita por CLARA BLANCHAR (@clarablanchar), periodista del diario EL PAÍS y colaboradora de la revista VÈRTEX.
Publicada en la revista VÈRTEX número 291

Tres cuartos de siglo de historia son los que acumula la veterana editorial Alpina en su ingente aportación a la cartografía excursionista catalana. Pero no sólo catalana, sino también de todos los Pirineos y de España; y no sólo en la edición de mapas, ya que Alpina también publica guías de excursionismo, naturaleza y deportes de montaña.
El Posets desde la cima del Perdiguero, en el Pirineo aragonés.
La cartografía no solo nos ubica en el entorno, si no que reproduce una cultura y una historia por medio de los topónimos de cada territorio. (© Jaume Tort)

DE LOS MAPAS A INSTAGRAM

Que levante la mano el lector que no haya puesto nunca un dedo sobre un mapa de la editorial Alpina. ¿Ninguno? ¿Todos sabemos de lo que estamos hablando? Seguimos. La popular editora de cartografía excursionista y guías de montaña este 2021 ha hecho 75 años, una cifra redonda que tiene mucho mérito cuando todo gira frenéticamente hacia los soportes digitales. Pero para mucha y fuerte que sea la colonización de Internet, Wikiloc y los GPS, los mapas de papel siguen teniendo su lugar, también mejorados gracias a la tecnología digital.

«Tu cuelgas un mapa en un refugio, en la recepción de un hotel o en un restaurante y es como un imán: siempre estará rodeado de gente. Llegas a lo alto de una cima, sacas el mapa y pasa lo mismo: se te acerca una multitud a mirarlo». Lo dice Martí Nadal, director de la editorial y vehemente cuando defiende la cartografía. Casi hace apología. O, más que apología, pone los mapas en valor. «El mapa es primordial para planificar, para saber por donde pasarás, para tener perspectiva. No es incompatible con un reloj con GPS, pero por seguridad no es lo mismo ver que tienes alrededor que limitarte sólo a una pantallita. Un mapa lo disfrutas antes, durante y después. Lo compartes … Es la vida». Nadal lamenta la poca cultura cartográfica que hay en estas latitudes. A diferencia, echa de menos, de Francia: «Allí venden el doble de mapas porque desde pequeños saben donde van».
Cañon de Añisclo, las Tres Sorores y las Tres Marías, en el macizo del Monte Perdido.
El mapa de Ordesa y Monte Perdido ha sido el más vendido de la historia de la Editorial Alpina.
(© Joan López)
El primer mapa Alpina fue el de Sant Llorenç del Munt
y la segunda publicación, el Manual de alpinismo.
Ambas obras datan de 1946, el año de la fundación de la editorial en Granollers. (© Clara Blanchar)
Alpina es aún hoy en día una empresa familiar con sede en Granollers, donde tienen dos locales: en uno las oficinas y el archivo; y en el otro, el almacén. La editorial pertenece a los descendientes de uno de los cuatro fundadores en 1946, Salvador Llobet, y tiene cuatro trabajadores y una vasta red de colaboradores: biólogos, geógrafos y personas del territorio que hacen trabajo de campo y conocen la toponimia local. «Por mucha información que tengamos, hay que desplazarse: hay fuentes que no sabes si manan, hay que hablar con la gente mayor para saber cómo se llaman, de cada lugar … », defiende Martí. Además, hay que ir de la mano de entidades, parques naturales o consejos comarcales. Aun así, siempre hay quien les avisa de correcciones a hacer, sobre todo de toponimia muy local de sitios o caminos.

«Alpina existe porque complementamos la cartografía oficial, la enriquecemos y la adaptamos para el excursionismo», explica Nadal. Hasta los años 80 la base eran mapas militares, del Servicio Cartográfico del Ejército, y luego llegaron los del Instituto Geográfico Nacional de España y del Institut Cartogràfic de Catalunya. «Alpina dio un salto cualitativo con la incorporación de tecnología a finales de los años noventa. Permite tener más precisión, más claridad y más rapidez a la hora de hacer actualizaciones», dice Martí. Los primeros mapas, los de las cubiertas verde, naranja, roja o marrón, se hacían a mano y las correcciones se añadían con papel vegetal. Mantiene que «la esencia es la misma del 46, aunque los medios de captura de la información son mucho más precisos». En el caso de los parques naturales, sus técnicos son los que tienen la última palabra. También cuando piden no señalar caminos o parajes que conviene preservar. «Escucho a la gente. El equilibrio entre poner o no poner es delicado. ¿Ponemos unas pozas? ¿Lo hacemos o no lo hacemos? Me gusta pensar que la persona que va hasta una librería y compra un mapa es difícil que no sea respectuosa», argumenta.

Martí Nadal no se atreve a contestar si Alpina es líder en España. «No lo sé, pero somos los que tenemos más cartografía de España», responde. Ahora mismo el hit de la editorial, el más vendido, es el mapa de excursiones por Mallorca, dirigido al público alemán. Sólo de la sierra de Tramuntana, Alpina tiene nueve productos. Y la editorial tiene delegación en la isla y edita en seis idiomas: catalán, castellano, francés, inglés, alemán y euskera cuando tocan en el País Vasco. Rebobinando en el tiempo, no hay duda: el más vendido es el mapa de Ordesa. Y descontando el Pirineo (de punta a punta y del derecho y del revés) y el resto de Cataluña, tienen material de «todo lo que tenga interés»: Sierra Nevada, Cabo de Gata, Picos de Europa, islas Canarias. La editorial también editó mapas y guías de Andalucía.
Además de los mapas, Alpina edita con mucho éxito guías familiares, de naturaleza, travesías, senderos GR, guías excursionistas, de esquí de montaña, de vías ferratas, etc. Como norma general, reeditan cada dos años.

También trabajan por encargo. Hacen, por ejemplo, los mapas oficiales para carreras de montaña y ultratrail, o impresiones especiales para colgar. Los paneles informativos del entorno y mapas del refugio Els Estudis de Espinavell, por ejemplo, los hicieron ellos. Incluso han impreso manteles o alfombras de bienvenida.

Aparte hay productos únicos, como el detalladísimo mapa Monte Perdido de escala 1:15.000; o una idea fija del mismo Nadal que pocos veían clara, pero que ya va por la tercera edición: un mapa del Pirineo de punta a punta que hace dos metros. En total, el catálogo tiene 120 productos y editan tres o cuatro mapas y guías al año. «Cada vez cuesta más», asegura Martí, «porque con el tema tecnológico hay de todo. Antes no había nada y ahora vas a la oficina de turismo y lo primero que te dan es un mapa: «No sabemos si somos cultura, turismo o deporte … Somos de todo», lanza el director de la editorial, que se queja abiertamente de la «cero presencia en los medios que tiene la cartografía».
Ellos sí hacen un esfuerzo por ampliar esta presencia en las redes sociales: «Son un escaparate: Facebook para el producto, Instagram para las fotos». Los canales de venta de Alpina son las tiendas de los pueblos de las zonas que tratan, alojamientos o las librerías especializadas. ¿Y Internet? «En volumen, representa los pedidos de una librería de las que más compra». De las librerías que más años hace que despachan mapas de Alpina, hay una que gana la editorial en años. Es la antigua y centenaria Quera, en la calle de Petritxol de Barcelona, reconvertida en Espacio Quera desde que, además de ser uno de los epicentros de la cultura excursionista, también ofrece vinos y platillos.

Al frente está Raimon Quera, cuarta generación y nieto de uno de los fundadores de Alpina. «La cartografía te da la independencia. Es como cuando te sacas el carnet de conducir con 18 años; si sabes leer un mapa, el mundo es tuyo», dice Quera con un entusiasmo que celebra «la inquietud de quien se interesa por el entorno» y que contrasta con «a quien le basta con un track sin saber qué árboles ha visto, qué cima ha subido, ni por qué por donde ha pasado». Raimon aplaude como Alpina se ha adaptado a los tiempos: «Desde que la gente que iba a la montaña sintió la necesidad de tener una cartografía más precisa que las hojas oficiales, ha sabido evolucionar con las nuevas herramientas y están publicando mapas de gran precisión. La mejor prueba de cómo lo hacen es que aguantan. Si la sociedad avanza y tú no, nadie te espera», asegura quien ha vivido la necesidad de reinventarse. A la pregunta de Martí Nadal, la del significado de un mapa, tiene clara la respuesta: «Un mapa es cultura. Te refleja el entorno, lo que te rodea, te permite imaginar que eres un puntito que se mueve y encuentra una fuente o un sendero. Un mapa te lo andas, es un lujo, es cojonudo, es una gran herramienta aunque no todo el mundo la sabe leer». Quera discrepa con el director de la editorial cuando compara la cartografía que hace Alpina con la francesa: «Alpina te aporta más que los mapas oficiales porque se atreve a marcar posibles ascensiones. En los mapas franceses sale estrictamente lo que hay».

Desde Vic, el propietario de la librería Muntanya de Llibres, Xevi Cortacans, aun señala otro valor de la editorial de Granollers: «És una anomalía a nivel europeo o mundial. No hay muchas editoriales privadas que hagan un trabajo tan riguroso y una escala 1:25.000. Hacen mapas 1:40.000 o 1:50.000, no están pensados para hacer excursiones. La clave se encuentra en el rigor, en el trabajo artesanal. Si hacen los mapas de las carreras, es porque tienen un prestigio». Cortacans explica que a pesar de lo que pueda parecer, hay gente de todas las edades que compra mapas: «Quien ya ha hecho todos los clásicos, aunque sea joven, entra, se interesa». Y añade: «También se nota quien ha tenido mapas en casa». El librero de Vic acaba con una frase que parecería más propia de un comercial que de un cliente: «Alpina es como la Coca-Cola con las bebidas, es el refresco por excelencia».

ALPINA NO PODÍA NO TENER EL CARLIT

Aunque estábamos en la fase 1 de la crisis del coronavirus cuando Martí Nadal pedía a quien firma estas líneas que esperara. «Si te esperas, llegarán las carpetas del mapa del Carlit y te lo podrás llevar». Le avisaron. Llegaron. Repartidor: «Buenos días, aquí las tienes», y las cajas ya están en el almacén. Faltaba abrirlas, con una emoción que sólo se explica cuando hay mucho trabajo detrás. «Alpina no podía no tener el Carlit», decía Nadal con la satisfacción de quien elimina algo de una lista de tareas pendientes. Y plegaba la carpeta para meter el mapa. Porque el Carlit-Bollosa estrena además un nuevo formato: en lugar de la guía que hasta ahora ha acompañado a los mapas, la presentación consiste ahora en una carpeta más sintética y visual que se desarrolla en tres partes, como un tríptico. Por cierto, que durante el estado de alarma el mapa más vendido por Alpina fue el Guadarrama-Pedriza, las dos sierras donde los madrileños pudieron huir así que los cambios lo permitieron.
Carpeta del mapa Carlit-Bollosa (© Clara Blanchar)

UNA GUÍA DE RUTAS ACCESIBLES EN SILLA DE RUEDAS

El título es Rutes accesibles per Catalunya y nace de la terquedad de Anna Maria Gòdia, vecina de Arenys de Mar. Hasta que nació su hijo Aran su tiempo libre lo dedicaba con su compañero a la montaña. Pero el niño, que ahora tiene seis años, nació con una enfermedad minoritaria que no tiene ni nombre. Es fruto de una mutación del gen STXBP1 y convierte los pacientes en muy dependientes. «Cuando salió de la UCI, fuimos a hacer una cima», dice mostrando cómo afrontar la situación. «Al crecer tuvimos que comprar un cochecito y empezamos a buscar rutas aptas, con buen terreno y nada de desnivel, pero todo lo que encontrábamos eran paseítos de 200 metros», relata. Así comenzó una búsqueda que ha acabado con la guía, editada por Alpina y con la colaboración de la asociación STXBP1. Esta publicación compila 20 rutas «de una hora o más», desde la primera que encontraron en Andorra «a 1.700 metros, vistas y un lago al final», hasta el Delta, Banyoles o los Aiguamolls del Empordà.

CLARA BLANCHAR

Periodista de la redacción de Barcelona del diario El País, ha pasado por las secciones de economía, política, deportes y municipal. La ciudad, el urbanismo y la movilidad son sus principales áreas de información. Para tomar distancia, intenta salir todo lo que puede de la urbe para pedalear o caminar. Cuando la información diaria le da una tregua colabora con Ciclosfera o Vèrtex y tiene una mini sección semanal en el programa Aquí Cuní de la Cadena SER.
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