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CAMINANTE DE UNO MISMO

Columna escrita por JAVIER DÍAZ MURILLO

Caminar sin rumbo o con él, abandonando pensamientos, solo un pie detrás del otro; caminar para despojarse de la carga diaria, para dejar atrás lo que ya no alimenta, para que el cuerpo recupere esa sensación de utilidad primitiva, la de los seres que salían a buscar el sustento para sobrevivir. Hoy lo tenemos demasiado fácil: abres la nevera y ahí están la caza, la pesca y la huerta, sin haber seguido huellas ni explorado, visto ni sentido el rumor del aire ni la calidez de la arena ni los sonidos del bosque.

Caminar para recuperar el instinto que te apega a la vida; caminar para que lo superfluo rebase la taza o el vaso y decidas moverte por gusto; caminar para que el corazón camine contigo, para agitar esa parte de energía que a veces se acumula en el pecho y te agobia cuando respiras; caminar para liberar, para desatascar, para conocer de primera mano (o primer pie) cómo es el planeta.
Cuando caminas el ritmo te lleva a contemplar de otro modo, a percibir el entorno, a sentirte; caminas para afinar las piernas-raíces, para sentir la piel del mundo que nos sostiene; caminas para limpiar la mente y una vez limpia empaparte de la belleza que surge a cada paso, admirar el milagro de la existencia en tu propio documental de naturaleza.

Caminar si se puede lejos de la urbe, lejos del humo y las carreras de coches; lejos de las moles de ladrillo y del estrés de sus habitantes, lejos del asfalto que te abrasa las plantas de los pies y te chupa la vitalidad para llevársela quién sabe dónde. Caminar como ayer junto al río ARGA de PAMPLONA entre árboles maestros por senderos dibujados en la fresca hierba.

Por ahí camino desde hace unos días para oler las flores, para saludar al gato de turno y escuchar el canto de las aves, y ver la magia de la luz solar filtrada entre las hojas. Camino para sentirme humano de verdad con piernas, brazos y pulmones; camino en pos del cansancio bueno, ese que deja contento.
Caminar para recordar que somos caminantes y que sobre las extremidades podemos recorrer el globo entero y ser felices; para recordar tu estado, tu ser, tu casa que es tu cuerpo; caminar para que la vida sepa mejor, para que cuando te alimentes lo hagas con apetito y no porque lo diga un reloj de pared en la cocina; caminar para que fluyan ideas, proyectos y creatividades.

Pero insisto, caminar en lo natural, en eso que somos, en ese útero que siempre está ahí para proveernos de lo necesario para estar fuertes y sanos; caminar las montañas, las praderas, los bosques, los desfiladeros, los senderos de los valles, los desiertos… Camino para sentir lo que soy, sin voces ajenas, y en ese caminar me encuentro.

JAVIER DÍAZ MURILLO

Periodista, caminante, reikista, viajero y gastrónomo
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