UNA HISTORIA DE TRINCHERAS

Columna escrita por ELISEU T. CLIMENT y publicada en la revista VÈRTEX

Escribo esta columna desde las montañas de Castelló. Siempre vuelvo, a la serra Espadà, cuando tengo algunos días. Allí aprendí, literalmente, a andar, y por sus caminos empecé a correr y a pedalear cuando era poco más que un adolescente.

La serra Espadà configura una geografía abrupta y compleja, de valles profundos y de barrancos estrechos; de cima acantilados (probablemente, de ahí el topónimo) y de tierra rojiza, y de una red riquísima de caminos que unen cada uno de sus pueblos. Aquí y allá, aparecen, repentinamente, trincheras. Son zanjas de la Guerra Civil. De pequeños, las explorábamos con el objetivo de localizar restos de la presencia militar.
Los mayores nos hablaban de la contienda sin demasiados detalles y nosotros, los niños, grabábamos la conversación, intentando imaginar aquella realidad pasada. Trincheras, hay por todas partes. El pueblo está rodeado y a pocas horas de camino se despliegan las de la Rápita y las de los Orgues; las del Gurugú, las de la cima del Espadà y las del puntal del Aljub. Fueron posiciones estratégicas inexpugnables. Discretas y camufladas, controlaban los pasos entre Teruel y la costa.

Han pasado décadas y las trincheras siguen ahí, intactas, sepultadas ahora por la zarza invasiva. Me interesé hace unos años; quería saber más. Estos puntos de observación y de defensa corresponden a la llamada Línea XYZ del ejército republicano, que se extendía desde las montañas de Cuenca hasta el Mediterráneo, pasando por la sierra de Javalambre y recorriendo de cabeza a cabeza la serra Espadà. El objetivo de esta estructura defensiva era detener a las tropas franquistas en su marcha hacia Valencia. Los republicanos se mantuvieron firmes durante un año y medio; y la guerra finalizó antes de que los nacionales hubieran podido atravesar el invento del general Matallana. Hoy el extenso patrimonio militar forma parte del relato propio de estas montañas. Tapado, ignorado en la mayoría de casos, se ha vuelto casi invisible a los ojos del forastero y sin demasiada importancia para los habitantes de la zona. Sin embargo, añade contenido a la narración de la sierra, a la vez que la erige en un verdadero espacio de la memoria.
Los paisajes de la serra Espadà, como todo paisaje, construyen un discurso genuino que los hace únicos. Un discurso que se estructura como una imagen de síntesis, donde la información está ordenada por capas superpuestas y simultáneas. En el paisaje, se mezclan capas temporales y también temáticas que asean los elementos naturales y culturales, los gestos del ser humano para adaptarse y sobrevivir en el territorio, y los testimonios históricos. Todos se dan cita en un aquí y ahora, en un espacio geográfico concreto y en un momento preciso. Todos estos elementos confluyen a la vez en la retina del espectador. El discurso de un paisaje será más rico en matices cuanto más capas activas posea, cuantos más elementos participen, pero también cuanto más lúcidos y conscientes seamos nosotros, lectores del territorio. La contemplación del paisaje es, inevitablemente, sintética; aporta una visión de conjunto. Mantenemos, sin embargo, la mirada alerta a los detalles que nos gritan, incluso los más ínfimos: captarlos nos da la clave para entender qué fue ese lugar ayer, qué es hoy y cuál puede ser el futuro que le espera.

ELISEU T. CLIMENT

Trabaja como periodista desde 1993. Primero como periodista cultural y medioambiental, para centrarse posteriormente en el periodismo deportivo especializado, aunque mantiene la primera actividad en el semanario EL TEMPS. Es jefe de redacción de la revista TRAIL, dedicada al trail running; ha sido asesor y colaborador de la revista de cultura ciclista VOLATA, y desde 2014 colabora con VÈRTEX, de la que fue su jefe de redacción a principios de los 2000. Ha colaborado, entre otros medios, en DESNIVEL, GRANDES ESPACIOS, ALTAÏR o VIAJAR. Es autor de la guía de trail running COLLSEROLA. 20 ITINERARIS PER A DESCOBRIR-LA (Editorial Alpina) y coautor del mapa-guía CAVALLS DEL VENT, de la misma editorial. Sus deportes son la escalada, correr por montaña, el esquí de montaña en telemark y la bicicleta en diferentes modalidades (carretera, mountain bike, tándem, cicloturismo). Su pasión por la bicicleta desde 1982 le ha llevado a viajar por todas partes: Islandia, Finlandia en invierno, Marruecos, Benin, Cuba … y los principales países y macizos europeos. Para él, el ciclismo es, ante todo, una experiencia geográfica. Es por eso que creó en 2015 la CAT700, una aventura en autosuficiencia que atraviesa Cataluña de Norte a Sur. Ha sido el impulsor de la modalidad de ciclismo de grava en Cataluña, el gravel, como vía de descubrimiento y exploración territorial. En 2013 creó su propia marca de bicicletas a medida, GRAVEL CYCLES, que diseña él mismo.
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